Paz y Bien

A menudo nos pasa que vemos esas películas de santos que nos llenan de fervor y como que animan nuestro espíritu, nos motivan a emprender la difícil tarea del cristiano: fiarse.

Decimos a Dios en la oración, me quiero fiar de verdad, quiero vivir convencido de que soy amado/a por ti, creo en tí; pero luego en el día a día, parece que esas buenas intenciones se quedan en un: me fío si me convence.

Pedimos muchas cosas en la oración, y sin embargo no damos pasos concretos de fe, como pueden ser: tomar una decisión que pueda cambiar tu vida, dejar el trabajo que no te gusta, dejar la carrera que no te llena o decirle a la persona que te gusta lo que sientes. Nos escondemos detrás de y ¿si no es voluntad de Dios?, nos pensamos que la voluntad de Dios viene con señales y pistas a seguir, como si el puzzle de tu vida estuviera siendo montado por Dios y nosotros sólo tenemos que dar el último paso, poner la última pieza. Se nos pasa por alto que Dios cuenta con nosotros y para que se mueva la ficha nosotros tiramos los dados. A veces no entendemos nada, y pensamos que cuerpo y espíritu son enemigos y lo que nos apetece no es bueno, y lo que no nos apetece seguro que es bueno porque no viene de mí. Ay qué ver, qué complicada se vuelve la vida, cómo vamos a decidir así, qué difícil nos lo ha puesto el Señor.

Tranquilos/as después de haber experimentado todas estas cosas, también he aprendido que Dios está dentro de mí y que cuenta conmigo con mi forma de ser, con mis gustos y deseos. Sigo aprendiendo que Vivir de fe es vivir en la aventura de arriesgar, dejarse llevar por la intuición y ser fiel a ti mismo, es quererte como Dios te ha hecho porque estás bien hecho/a no tienes que buscar la “perfección” porque no existe. Vivir de fe es confiar en la bondad de Dios y tomar decisiones que pueden cambiar tu vida pero que si te equivocas no pasa nada, Dios tu Padre está ahí contigo para aprovechar siempre lo bueno de cada situación; pero lo mejor es que si no te equivocas alucinas de lo bueno que es el Señor, de que te conoce mejor que tú mismo y que te permite vivir una vida que ni hubieras imaginado. Francisco y Clara fueron personas de fe, personas que se fiaron de su intuición y no se conformaron con vivir una forma de vida que no iba con ellos, se aventuraron a trazar caminos nuevos, con la fuerza y la guía del Espíritu Santo y fueron y siguen siendo hoy guía y camino para muchos hermanos y hermanas que quieren seguir a Jesucristo de una forma original, la forma de vida del Santo Evangelio. Ellos quisieron vivir en el vértigo de vivir saltando constantemente, de dejarse llevar por donde sopla el Espíritu, dónde ayer dije Diego hoy digo “Digo” si es lo que más conviene. Porque vivir como Jesucristo es vivir cada día con lo que trae y el criterio que mueve coda paso es el amor. Vivir de fe es vivir de la locura de Dios y para descubrirlo solo puedes saltar sino te quedarás sin saberlo y seguirás viendo pelis y preguntándote que será eso que sienten los que se fían.