Sí, tú decides si quieres ser feliz o quedarte sólo con el deseo de serlo, porque eres libre. ¡Qué cosa más hermosa y a la vez delicada, la libertad! Nos pasamos el día decidiendo a cada momento: ¿sonrío o no sonrío?, ¿Como más o como menos?, ¿cojo el ascensor o voy por la escalera?, ¿barro antes de comer o después?, ¿Paso de esta persona o intento acercarme a ella?, ¿desecho este pensamiento o contesto, o mejor me callo?, ¿leo este libro o este otro?…y así. Todo depende de la decisión que tomes, porque eres libre y eres por lo tanto dueño de tus actos. Habrás oído: “de la abundancia del corazón, habla la boca”; sí, tu corazón está hecho para estar lleno, pero ¿de qué?; pues de aquello que tú le has permitido acoger: positivo o negativo. Lo negativo, lo amarga; lo positivo lo ensancha y crece en él, el deseo de más positividad. Esto es lo que vas a transmitir en tu paso por la vida: el amor. Y así se cumple lo de: “todo es cuestión de mirada”, porque verás la vida y a los demás según lo que haya en tu corazón. El amor está cerca de ti, porque Dios habita en tu corazón, descúbrelo y así podrás mirar todo y todos a través de su mirada.