Paz y Bien

¡Cristo ha resucitado! En estos días los evangelios son distintos con respecto a los acontecimientos que acompañaron la resurrección del Señor; pero algo tienen en común, un mensaje y una misión: ¿por qué lloráis? ¡alegraos! Id y anunciad a mis hermanos…lo que habéis visto y oído. Con su muerte y resurrección, Jesús ha dado nombre y apellido a la Esperanza en Dios. Esta palabra “Esperanza” me ha resonado mucho esta cuaresma. Un día escuché: “la esperanza es el don que crece a la sombra de la cruz” y pensé “sí que es verdad”. Porque aunque la vida está llena de oportunidades para ser feliz y disfrutar, cuando la cruz pesa, parece que lo ocupa todo, no puedes pensar en otra cosa y aparece la desesperanza. Como Jesús andamos torpes, nos caemos y si por nosotros fuera, nos quedaríamos en el suelo esperando a que alguien nos levantase. Veía a Jesús cayéndose y levantándose y pensaba, si yo fuera Él sabiendo que iba a morir, no me movía del suelo. Pero Jesús siguió dócilmente hasta el final, y pensaba ¿por qué?. Creo que Jesús nos estaba enseñando el camino de la Esperanza, esperanza que no quedó defraudada, ya que resucitó. Si atendemos al significado de la palabra Esperanza en el diccionario dice: “Confianza que tiene una persona de que se cumplan sus deseos, lo que le han prometido”. Pero sus deseos van más allá de ganarnos la vida eterna, Dios nos enseña a tener esperanza en nosotros, por ello no sólo nos ha salvado sino que como decía al principio nos ha dejado un encargo una misión, confía en nosotros para anunciar su palabra, para amarnos unos a otros, aunque lo hagamos de manera torpe, en mayor o menor medida según sabemos o queremos cada uno. Dios espera en nosotros y esto me ha hecho caer en la cuenta, de que yo también debo tener esperanza en mí, esperar que Dios puede sacar bien incluso de lo malo y no esperar de mí nada, porque Dios sabe con lo que cuenta. Creo que tendemos a confundir “Esperanza” con “Expectativa”, el significado de “expectativa” curiosamente es: “posibilidad de lograr algo”. Mientras que la Esperanza no depende de mí, sino de otro en quien confío; la Expectativa me implica y me pone en el centro. Podemos decidir cómo vivir: confiando en alguien que me ama y va por delante de mí o intentando conseguir logros que nadie me pide, pero que yo me empeño en conseguir. Por eso nos conviene escuchar el saludo de la resurrección: “La paz esté con vosotros” porque Dios no da la posibilidad de vivir en el descanso y estar tranquilos. ¡Que tengáis un buen día!