¿Sabías que el amor no es lo mismo que los sentimientos? Te lo digo porque cuando descubrí que había una diferencia me cambió la vida. Está claro que no te encuentras igual si sientes amor o admiración hacia una persona que si sientes rechazo, la ves muy pesada, o te cansa porque nadie le ha enseñado lo que es el silencio. Ahora bien, el hecho de sentir de tal manera no significa que la quieras o no la quieras. El amor no se demuestra o se mide con sentimientos sino con obras.

Me explico: el sentimiento te aparece y lo sientes en tu interior de forma natural. No es algo que puedas evitar. De hecho, si lo escondes o lo ignoras será peor para ti, ¡porque reprimir y luchar contra los sentimientos los hace ser más fuertes! Si si, es una cosa extraña pero cierta, ellos son así, muy protagonistas. Si nos los dejas harán lo posible para ser y sobretodo estar en primera fila.

Por eso, lo mejor es recibirlos, identificarlos, darles nombre y aceptarlos sencillamente porque sabemos que no hay escapatoria. Los sentimientos hay que sentirlos y punto.

Y ahí viene la diferencia, por mucho que sientas de una manera, puedes actuar de forma distinta. Por ejemplo, siento miedo ante un examen, una entrevista de trabajo o ante una enfermedad, pero puedo decidir mantenerme, perseverar y no huir ante ese miedo. Es verdad que no es fácil, los sentimientos a veces nos fastidian la vida porque nos invaden de tal manera que parece que no existe otra cosa que lo que estoy sintiendo. Pero ¡ánimo!, se puede. Y conforme vas aprendiendo a dominarlos, más fácil te resulta convivir con ellos sin que te molesten demasiado.

Pues bien, pasa lo mismo con el amor: el sentimiento no define el amor que tenemos hacia una persona. ¿Sabes por qué? Porque los sentimientos vienen y van, son naturales y por tanto inevitables. Acuérdate bien de esto: ¡son inevitables! Con lo cual, si son inevitables, ¿por qué juzgamos los sentimientos? ¿Por qué nos juzgamos cuando sentimos lo que consideramos que no deberíamos sentir? El sentimiento no se puede juzgar ni como malo ni como bueno. El sentimiento es agradable o desagradable, nada más.

En cambio, el amor es mucho más estable y fiable, el amor es una cuestión de decisión. Decides amar, aunque no sientas nada hacia esa persona. Decides amar cuando aun sintiendo rechazo o incluso asco hacia una persona, le sirves o le ayudas.
¿Es que una madre que se enfada con su hijo, porque siente ira deja de amarlo? ¿O si un hombre se levanta por la mañana y no siente ilusión o admiración por su mujer significa que no la quiere? ¿O es que crees que nosotras estamos siempre efusivas al pensar en Dios o estamos todas las mañanas ilusionadísimas por ir a rezar?

Pues no, lo que sentimos no tiene por qué coincidir con lo que cada día elegimos; y cada día podemos elegir gracias al gran don que hemos recibido: la libertad, la libertad para amar. Por eso dijo San Agustín: “¡Ama y haz lo que quieras!”