Paz y Bien

Ya os hemos hablado en Aclarando de la fraternidad y el sin propio, y hoy queremos compartir con vosotros otro de los pilares que sustentan nuestra vida: la Misión. Nuestra misión es vivir y anunciar el evangelio con nuestra vida y como decía San Francisco, sólo si es necesario, con la palabra. Y diréis : bueno, y esto de vivir el evangelio ¿en qué consiste?. Vivir el evangelio según el Señor inspiró a San Francisco y Santa Clara, es vivir como lo haría Jesucristo. Es vivir abandonado en las manos de Dios, es dejarse cuidar por nuestro Padre, dejarse llevar por el Espíritu Santo y vivir en el amor. Y seguiréis pensando: muy bonito, pero esto ¿cómo se vive de forma concreta?, pues veréis, esto es vivir el día a día con lo que trae, desde aceptar con alegría que te cambien los planes, que te interrumpan lo que estás haciendo, que te pongan un plato de comida que no te gusta a convivir con algo que te desagrada, ya sea un dolor, una persona o una situación complicada. Es sobre todo vivir en el “ahora”, si mi hermana me pide algo, la atiendo ahora y dejo lo que estoy haciendo para atenderla, si conviene hacer algo que me supone un esfuerzo lo hago ahora y no lo dejo para más tarde, como puede ser arreglar una ventana, llamar al fontanero o solucionar un papeleo; no dejo para mañana lo que puedo hacer hoy. Es que toca la campana y dejo lo que estoy haciendo para irme a la oración, suena el teléfono o el timbre y dejo lo que tenga a mitad, para atenderlo. Porque el Señor aparece en cada una de las llamadas que nos hacen, sea para lo que sea.

La misión al fin y al cabo no puede ir separada de la fraternidad, del sin propio y de la oración; es el fruto de nuestra forma de vida. Es, que cuando vas descubriendo que desprenderte de ti mismo, para vivir asi, sin aferrarse a nada, te hace ampliar el horizonte y vivir en un gran abanico de posibilidades, conociendo el amor de Dios que aparece cuando menos te lo esperas y te da una gran paz y alegría, no puedes hacer otra cosa que compartirlo, y querer darlo a conocer a los demás. Por eso la Misión da mucho de sí, porque parte de la vida y desemboca en la pastoral, los encuentros de fin de semana con chicas jóvenes, los encuentros con jóvenes de la universidad, de otros grupos religiosos, los acompañamientos espirituales, la hora santa, Aclarando y en definitiva, lo que el Espíritu nos mueva a hacer. Y si mañana conviene otra cosa pues la haremos, y dejaremos de hacer otras.

En definitiva es una respuesta de agradecimiento: Padre, habla que aquí estoy, ¿Qué quieres que haga por tí?