En estos días previos a la profesión muchos de vosotros nos preguntáis que cómo es eso de la llamada. Responder a esto no es nada fácil porque es algo muy personal y que cada uno experimenta de una manera. Pero bueno vamos a intentar dar algunas pistas:

La llamada no es cuestión de hacer, no es cuestión de querer y tampoco es cuestión de empeñarse. La llamada es cuestión de eso, de llamada.

Dios nos llama a cada uno de una manera distinta, con una melodía particular, ya que cada uno somos irrepetible, por eso ante la llamada lo único que debemos hacer es dejarnos llevar.

Él marca los tiempos, las pautas, te indica el camino.

Nosotras siempre recomendamos tres cosas para estar atentos a la llamada:

  1. Orar: Seguro que has pensado que no hemos descubierto América y es verdad, pero cuando te pones en camino hay que orar de una manera especial, no es cuestión de repetir oraciones como un papagayo es cuestión de entablar una relación de intimad con el Señor y eso solo se consigue en la oración.
  2. Escribir: Muchas veces nos cuesta saber qué estamos viviendo y para eso ayuda mucho escribirlo, nos hace ser conscientes de qué estamos viviendo, nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras sensaciones. Cuando estás en búsqueda todo es importante.
  3. Ser acompañado: Es fundamental buscar a alguien que te acompañe, alguien que te escuche y te pueda ayudar a discernir qué es lo que Dios quiere de ti. Nosotras siempre recomendamos que sea una consagrada, un consagrado, un sacerdote. Es bueno buscar a alguien que viva la vocación a la que te sientes llamado.

Si eres joven y estás buscando, no tengas miedo ponte en camino, es una aventura apasionante, si tienes hijos ayúdalos a que no se conformen, invítalos a buscar su camino y por supuesto pónselo fácil.

Lo importante es saber que Dios quiere que seas feliz
y nadie como Él sabe el donde y el cómo