​Vamos a detenernos en un objeto que puede parecer anticuado pero que nosotras hemos querido conservar por el significado que guarda y porque se trata de una tradición que todavía nos sirve de ayuda. Me estoy refiriendo a una simple campana. Hoy aún hace su papel sobre todo en nuestra organización comunitaria pues nosotras decimos que es la voz de Dios.

Lo explico:

Como ya os dijimos tenemos un horario para organizar nuestro día a día y para poder aprovechar bien el tiempo recurrimos a una hermana que se encarga de tocar la campana según la hora establecida en el horario y así podemos pasar de una tarea a otra fácilmente. Cuando la oímos tenemos que dejar lo que llevamos entre manos hasta otro momento en que nuevamente toque hacerlo. Así por ejemplo si tenemos dedicado al trabajo hasta la una y media del mediodía, en cuanto suena la campana, siempre cinco minutos antes de la hora prevista para darnos tiempo, lo dejamos todo para irnos a rezar que es lo que está establecido. Y es tal la importancia que le hemos dado que nos gusta decir que es la voz de Dios que nos invita a seguirle haciendo lo que toca en ese momento.

La ventaja de funcionar así es que te ayuda a sacarle el máximo partido al tiempo y no desperdiciarlo y aprendes a entregarte toda entera en lo que tienes que hacer en ese tiempo bendiciendo al Señor con tu buen hacer y poniendo toda la carne en el asador como si todo dependiera de ti sabiendo que todo depende de Dios.