Bienvenido seas hermano invierno que en tu frío y oscuro tiempo nos dejas un destello de tu luz, capaz de envolver con esperanza y calidez esta época del año. Nace el Hijo de Dios y ojalá que nazca en cada casa y en cada uno de nosotros para que la alegría sea el broche de este año tan atípico y sea también ese empujón ante cualquier cosa que venga.

En casa, la Navidad se presenta como un tiempo muy especial y también muy fraterno, las risas y los cantos resuenan con más fuerza en estas fechas. Los días previos a la Navidad sacamos todos los adornos para decorar hasta el último rincón: Belén, árbol, luces, guirnaldas y muchas ganas nos acompañan en estos días; también empiezan a sonar algunos instrumentos que durante la espera de Adviento están más silenciosos. Mientras unas arreglamos la casa y nos liamos con purpurinas y cosas (si por nosotras fuera no habría fin), otras preparan el menú de estas fechas y cocinan cordiales, que por cierto ¡están buenísimos!

En Noche Buena, después de la cena, no vale no cantar, digamos que ese es el momento álgido de la noche porque si aún te quedaba un poco de voz ya sí que estás perdida; y si no eres de las que entonan cantando seguro que pasas desapercibida, porque al final los instrumentos se tocan con tanta energía que no se aprecia quién desafina. Sí, esa noche si algo brilla es la orquesta en su conjunto. Y una vez terminado nuestro concierto casero, solemos tener la misa de Gallo, a la que vienen nuestras familias, amigos y conocidos. Es un momento muy bonito porque después de la misa nos felicitamos la Navidad y hablamos un rato.  Aunque este año me temo será distinto, pues la misa será por la tarde, siempre nos quedará felicitarnos por adelantado o por WhatsApp.

Lo normal es que en Navidad recibamos más visitas de familiares, amigos y nos juntemos también con nuestros hermanos los frailes a cantar villancicos y comer dulces. El año pasado, por ejemplo, improvisamos con ellos una especie de” Furor”, en el que los dos equipos lo dimos todo, claro que si a eso le sumas que no hay jurado y los hermanos y hermanas nos dejamos la garganta, ¿a quién le dices tú que ha perdido? Aquí, sí que se cumple aquello de: “lo importante es participar”.

Otra de las cosas que solemos hacer en Navidad es un encuentro de fin de año para chicas jóvenes de un fin de semana; la verdad es que nos encanta preparar esos días ya que es una Noche Vieja muy diferente para las chicas que vienen. Al final, nos juntamos jóvenes y mayores, pero con un mismo espíritu donde prima pasarlo bien, dar gracias a Dios por todo lo vivido y comenzar un año nuevo con la mirada puesta en Él. 

Luego está la noche y el día de Reyes que es un revivir la ilusión de cuando eras niño, por no decir que algunas ni duermen esa noche… En fin, la Navidad para las Hermanas Pobres es como para vosotros un tiempo que celebrar, pero además un tiempo único. Único porque cada año tiene su propia nota de alegría pese a las circunstancias y cada año se nos recuerda de un modo singular que Dios está con nosotros y que esta Navidad viene para quedarse.