Confiar no siempre es fácil pero siempre es necesario. Nuestro camino en la vida (consagrada) como cualquier otro, conlleva confiar: en Dios y en las mediaciones que Él nos pone para mostrarnos cuál es el recorrido que debemos tomar o simplemente confirmar los pasos ya dados o rectificar lo andado. Pero claro, la confianza lleva consigo un riesgo: abrirse a la gracia y reconocerse necesitado, compartir tu vida con aquellas personas que Dios pone en tu camino y fijar tu mirada en Aquel que sabes que quiere lo mejor para ti; conlleva hacerse pequeño y moldeable, descargarse del orgullo y la autosuficiencia, conlleva ser transparente, vivir en la luz y la verdad, pero conlleva ser FELIZ.

A veces me asombra cómo Dios ha confiado tanto en el hombre hasta el punto de darnos la libertad para vivir como queramos y decidir en cada momento. Por mucho que lo piense, creo que siempre se me escapará su amor; su confianza en mí; su:” sigo estando” aunque haya dudado de Él. El valor de la confianza se convierte por tanto en un arma poderosa cuando esta se pone en práctica, pues por experiencia sé, que cuando se ha confiado en mí, he crecido más que nunca como persona, se me ha dado la oportunidad de superarme y he podido volar. Al igual que cuando confío en los demás, me fío de la bondad de Dios en ellos y de la gracia que da a cada persona para desempeñar su misión. Así que, aunque confiar no sea lo más fácil, es sin embargo muy necesario.

Si nos fijamos en general en la vida de los santos podemos destacar que se han fiado; aún en las pruebas, en la fragilidad humana han confiado en la bondad de Dios. Clara, también confió en esa primera llamada que sintió en su corazón, confió en Dios y vio su rostro en Francisco; fue asegurando sus pasos y confirmando su llamada día a día, pero nunca sola. Clara confió en la luz de Francisco y en la bondad de Dios con ella, que dejándolo todo se aventuró a vivir una vida en manos de la providencia. Confió en que el Señor le mostraría su camino dentro de un carisma que acababa de nacer, y en ese confiar Dios le dio hermanas para que con ellas siguiera confrontando sus pasos.

La vida y la vocación en general, son una llamada a la confianza, son un seguir las huellas de Dios que se encarna en la historia, en nosotros. Confiar es decirle a Dios: “aquí estoy, para que hagas de mí lo que quieras”, es contar con la ayuda humana como instrumento del que Él también se vale; es desechar los prejuicios y tenerse si es necesario por “nada” para que a través de sus mediaciones nos enseñe el camino que nos lleva hasta Él.