Llevamos unos 2000 años de cristianismo y no sé si te has fijado pero parece que la religión es sinónimo de seriedad. Cuanto más serio está uno en la Iglesia, más solemne, más piadoso y más cristiano parece. Cuando pienso en los primeros cristianos que celebraban entre ellos, no me los imagino serios. Tenía que ser un momento más bien familiar, alegre, leyendo cartas, las Escrituras, compartiendo el pan etc.. Es evidente que cualquier cosa que va aumentando en número necesita una estructura y un orden para que no sea un caos. Sin embargo con tantas formas creo que se nos olvida a veces que somos cristianos porque Jesús nos ha traído una buena noticia: El Hijo de Dios ha venido hacia nosotros y se ha hecho uno como nosotros.

Y pa’ qué como decimos en Murcia? Pa’ que nos queramos, pa’ que estemos juntos con él, pa’ que nos relacionemos. Pa’ que tengamos una buena vida. No ha venido para darnos una lista de leyes a cumplir, con unas conductas morales a seguir. No, ha venido para querernos más de cerca.

Por eso, el cristianismo, más que una religión es un encuentro con Jesús y los demás. A Dios le da igual que celebres ritos, que vayas a misa o que reces. Tranquilos, no es una herejía. Le da igual, en el sentido en que haciendo esto no le aportas ni le quitas nada a Dios. Él sigue siendo lo más grande y nosotros lo más pequeño y aun así tenemos la pretensión de agradar a Dios rezándole, yendo a la Eucaristía el domingo como si estuviésemos adquiriendo puntos o haciéndole favores. Él no necesita de tus «sacrificios» o acciones piadosas. Todo esto es para ti, te ayuda a ti a acercarte a él, a desearlo más. Lo que Él quiere es que tú estés con Él porque quieres y lo quieres. Tampoco es que te necesite, ¿cómo te va a necesitar Dios? Sin embargo, te quiere necesitar. Muchas veces, las personas queremos a los demás porque los necesitamos, pero Dios no, Dios te necesita porque antes te quiere.

Ese encuentro y esa relación de amor es lo que hace nacer la alegría desde dentro y se explaya fuera. ¡Así que nada de seriedad! ¡¡A darlo todo!! ¡Y más en estas fiestas! Bueno, tampoco te descontroles, ya me entiendes. A veces nos desgatamos predicando pero lo que no falla es el signo del cristiano: la alegría. Así que no hay más que hablar, ¡no quiero verte en la iglesia o por la calle sin una sonrisa!

¡¡¡¡Nos vemos de fiesta!!!!