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El Horario?

El Horario?

Una de las cosas que me llamó la atención al inicio de mi andadura por esta forma de vida era la organización de la jornada que desembocaba claro está en la organización de todo un año. Si, no es nada del otro mundo, pues ya de bebés se nos enseña, marcando unos ritmos y rutinas, a vivir con un cierto orden y disciplina. Pero resulta que esconde mucha sabiduría. El orden en y para nuestra forma de vida contemplativa es elemental y hasta esencial. Ayuda a nuestro encuentro con Dios, a crear hábitos y actitudes saludables para nuestro espíritu, cuerpo y alma.

Ciertamente toda estructura o institución humana se configura mediante alguna forma de organización: colegios, empresas, hospitales… disponen de un plan que les ayuda a establecer sus objetivos en el tiempo y a cumplir metas.

Nuestro día a día comunitario y personal se sirve de un sencillo horario que marca el ritmo del día, de la semana y finalmente de todo el año con el que se pretende llegar a cumplir unos objetivos. Lo elaboramos en función de nuestras prioridades que como es de imaginar tienen mucho que ver con Dios. Así en una visión de conjunto del mismo podemos comprobar que está centrado en Dios, porque es lo que se persigue: que todo lo que hagamos sea para llenarnos de Dios, llevarnos a Él, para alabarlo y darle el lugar que sólo a él le pertenece, ponerlo en el centro de nuestra jornada para santificar el día.

Esconde mucha sabiduría y produce buenos resultados pues ayuda a tener tiempo para hacer y disfrutar de todo a lo largo del año: oración, estudio, trabajo, ejercicio, juegos, lectura, descanso … se trata eso si, de un horario flexible en tanto en cuanto que está en función nuestra y no al revés.
Es una pequeña disciplina que sin darnos cuenta y con poquísimo trabajo va formando nuestro interior y nos enseña a ser responsables con nuestras tareas y con el tiempo, el tiempo de Dios. Recibes la satisfacción de haber trabajado para el Reino y si has sabido ser fiel en estas cosas pequeñas luego lo podrás ser en responsabilidades mayores.

¡YA VIENEN LOS REYES!

¡YA VIENEN LOS REYES!

Paz y Bien

Ya hemos celebrado la nochebuena, hemos comido tortas de pascua, mantecados, polvorones, turrones…etc. Pero para muchos aún no ha ocurrido aquello que le da magia a la navidad.

Cuando éramos niños esperábamos inquietos y con gran ilusión la noche en la que tres extraños se colaban en nuestra casa por el balcón ¡y lo más sorprendente es que no les teníamos miedo!

Al contrario, les habríamos nuestra casa, les preparábamos el mejor roscón con un poco de vino y a esos camellos voladores un poco de arroz y agua, sin olvidar dejar bien colocados nuestros zapatos para que no olvidaran dejar nuestros regalos.

Pensábamos en tres hombres que nos conocían bien y que como magos y reyes que eran, sólo podían cumplir nuestros deseos; así que íbamos corriendo a la cama, éste era el único día del año que no resultaba imposible para nuestros padres; y así con un ojo cerrado y el otro entornado pasábamos la noche en vela por los nervios que nos invadían.

Tras una noche larga sin dar importancia al cansancio y con el corazón latiendo a mil por hora, corríamos a la cama de nuestros padres para ir al salón a ver los regalos. ¡Qué momento el de estar frente a la puerta!

¡Pues sí! Éste es un gran día y… ¿Por qué perder esa ilusión? ¿Por qué olvidamos ser como niños en ocasiones como estas?

Aquí, nosotras vivimos el día de reyes prácticamente igual que cuando éramos niñas, eso sí con unos pequeños matices claro… ya no vamos corriendo a la cama de nuestros padres sino a despertar a las hermanas.

El día de la epifanía es una fiesta realmente especial y no sólo porque encierre en sí la fuerza de la ilusión de los más pequeños, las demostraciones de amor, la semilla de los pequeños detalles… etc. Si lo pensamos bien, ¿por qué hacemos todo eso?

Se nos olvida que hace 2000 años unos “reyes” supieron ver en un niño pequeño e indefenso la grandeza de aquel que sería capaz de dar sentido a nuestras vidas. Los reyes supieron adorar, fueron capaces de verse más pequeños que ese niño a pesar de ser tan importantes y tan sabios. Quisieron arrodillarse y ofrecer lo poco que tenían. Así que ¿por qué no hacerlo nosotros? ¿Por qué no acudir a los demás con esa actitud? Siempre que tenemos un detalle con alguien nos hacemos pequeños y el obsequio demuestra sin palabras la importancia del otro para nosotros.

Y un último paso más, ¿Y si somos cada uno de nosotros esos reyes este año? ¿Por qué no acudir al niño con todo aquello que podamos ofrecerle? Da igual lo que sea: alegrías, preocupaciones, sufrimientos, deseos… si con ellos conseguimos arrodillarnos y creer que él puede llenar nuestra vida habremos recibido y entregado el mejor y más sincero regalo de reyes.

¡FELIZ NAVIDAD!

Cosa Seria

Cosa Seria

Llevamos unos 2000 años de cristianismo y no sé si te has fijado pero parece que la religión es sinónimo de seriedad. Cuanto más serio está uno en la Iglesia, más solemne, más piadoso y más cristiano parece. Cuando pienso en los primeros cristianos que celebraban entre ellos, no me los imagino serios. Tenía que ser un momento más bien familiar, alegre, leyendo cartas, las Escrituras, compartiendo el pan etc.. Es evidente que cualquier cosa que va aumentando en número necesita una estructura y un orden para que no sea un caos. Sin embargo con tantas formas creo que se nos olvida a veces que somos cristianos porque Jesús nos ha traído una buena noticia: El Hijo de Dios ha venido hacia nosotros y se ha hecho uno como nosotros.

Y pa’ qué como decimos en Murcia? Pa’ que nos queramos, pa’ que estemos juntos con él, pa’ que nos relacionemos. Pa’ que tengamos una buena vida. No ha venido para darnos una lista de leyes a cumplir, con unas conductas morales a seguir. No, ha venido para querernos más de cerca.

Por eso, el cristianismo, más que una religión es un encuentro con Jesús y los demás. A Dios le da igual que celebres ritos, que vayas a misa o que reces. Tranquilos, no es una herejía. Le da igual, en el sentido en que haciendo esto no le aportas ni le quitas nada a Dios. Él sigue siendo lo más grande y nosotros lo más pequeño y aun así tenemos la pretensión de agradar a Dios rezándole, yendo a la Eucaristía el domingo como si estuviésemos adquiriendo puntos o haciéndole favores. Él no necesita de tus «sacrificios» o acciones piadosas. Todo esto es para ti, te ayuda a ti a acercarte a él, a desearlo más. Lo que Él quiere es que tú estés con Él porque quieres y lo quieres. Tampoco es que te necesite, ¿cómo te va a necesitar Dios? Sin embargo, te quiere necesitar. Muchas veces, las personas queremos a los demás porque los necesitamos, pero Dios no, Dios te necesita porque antes te quiere.

Ese encuentro y esa relación de amor es lo que hace nacer la alegría desde dentro y se explaya fuera. ¡Así que nada de seriedad! ¡¡A darlo todo!! ¡Y más en estas fiestas! Bueno, tampoco te descontroles, ya me entiendes. A veces nos desgatamos predicando pero lo que no falla es el signo del cristiano: la alegría. Así que no hay más que hablar, ¡no quiero verte en la iglesia o por la calle sin una sonrisa!

¡¡¡¡Nos vemos de fiesta!!!!

La Alegría de la Navidad

La Alegría de la Navidad

Bienvenido seas hermano invierno que en tu frío y oscuro tiempo nos dejas un destello de tu luz, capaz de envolver con esperanza y calidez esta época del año. Nace el Hijo de Dios y ojalá que nazca en cada casa y en cada uno de nosotros para que la alegría sea el broche de este año tan atípico y sea también ese empujón ante cualquier cosa que venga.

En casa, la Navidad se presenta como un tiempo muy especial y también muy fraterno, las risas y los cantos resuenan con más fuerza en estas fechas. Los días previos a la Navidad sacamos todos los adornos para decorar hasta el último rincón: Belén, árbol, luces, guirnaldas y muchas ganas nos acompañan en estos días; también empiezan a sonar algunos instrumentos que durante la espera de Adviento están más silenciosos. Mientras unas arreglamos la casa y nos liamos con purpurinas y cosas (si por nosotras fuera no habría fin), otras preparan el menú de estas fechas y cocinan cordiales, que por cierto ¡están buenísimos!

En Noche Buena, después de la cena, no vale no cantar, digamos que ese es el momento álgido de la noche porque si aún te quedaba un poco de voz ya sí que estás perdida; y si no eres de las que entonan cantando seguro que pasas desapercibida, porque al final los instrumentos se tocan con tanta energía que no se aprecia quién desafina. Sí, esa noche si algo brilla es la orquesta en su conjunto. Y una vez terminado nuestro concierto casero, solemos tener la misa de Gallo, a la que vienen nuestras familias, amigos y conocidos. Es un momento muy bonito porque después de la misa nos felicitamos la Navidad y hablamos un rato.  Aunque este año me temo será distinto, pues la misa será por la tarde, siempre nos quedará felicitarnos por adelantado o por WhatsApp.

Lo normal es que en Navidad recibamos más visitas de familiares, amigos y nos juntemos también con nuestros hermanos los frailes a cantar villancicos y comer dulces. El año pasado, por ejemplo, improvisamos con ellos una especie de” Furor”, en el que los dos equipos lo dimos todo, claro que si a eso le sumas que no hay jurado y los hermanos y hermanas nos dejamos la garganta, ¿a quién le dices tú que ha perdido? Aquí, sí que se cumple aquello de: “lo importante es participar”.

Otra de las cosas que solemos hacer en Navidad es un encuentro de fin de año para chicas jóvenes de un fin de semana; la verdad es que nos encanta preparar esos días ya que es una Noche Vieja muy diferente para las chicas que vienen. Al final, nos juntamos jóvenes y mayores, pero con un mismo espíritu donde prima pasarlo bien, dar gracias a Dios por todo lo vivido y comenzar un año nuevo con la mirada puesta en Él. 

Luego está la noche y el día de Reyes que es un revivir la ilusión de cuando eras niño, por no decir que algunas ni duermen esa noche… En fin, la Navidad para las Hermanas Pobres es como para vosotros un tiempo que celebrar, pero además un tiempo único. Único porque cada año tiene su propia nota de alegría pese a las circunstancias y cada año se nos recuerda de un modo singular que Dios está con nosotros y que esta Navidad viene para quedarse.

Un nudo

Un nudo

Paz y Bien

Cuando profesamos, hacemos voto de obediencia, castidad y sin propio. Hoy os queremos hablar sobre eso del “sin propio”, ya que es una característica de Francisco y Clara de Asís; algo que va más allá de la pobreza material. El “sin propio” es  por un lado la pedagogía de la humildad y el respeto y por otro el camino para vivir en continuo desprendimiento.

Esto llevado a la práctica, supone que no tenemos nada propio, por lo que para empezar, nuestro vocabulario no debe ser “esto es mío” o “esto es tuyo” sino que todo es “nuestro”. Por otro lado, nos acostumbramos a pedirlo todo, porque si algo no es tuyo, no puedes disponer de ellos a tu antojo, ahí entra el respeto y cuando una quiere algo lo pide, aunque sea algo tan tonto como un rollo de papel. Otra manera de vivir “sin propio”, es informar; una hermana nunca hace nada por su cuenta, no vamos solas, porque hemos renunciado a nuestro propio querer. Así, toda decisión se toma en común, ni siquiera la Abadesa toma una decisión sola, aunque es ella la que tiene la última palabra. Es por esto que solemos decir: juntas no es más fácil, pero es mejor; porque vivir así, supone muchas veces, hacer las cosas de forma más lenta, más difícil. Porque no es fácil renunciar a lo que tú crees mejor o incluso aceptar lo que no ves; pero no se trata de hacer lo mejor sino que todo esto nos debe llevar a amar. El que no se desprende de sí mismo y deja espacio al otro, no puede amar, ni tampoco puede ser dócil al Espíritu Santo.

La culpable

La culpable

Esta semana queremos contaros quien es la culpable y por qué lo es.

Casi todas las personas que se acercan a nuestra casa y nos oyen cantar nos hacen la misma pregunta: ¿Para entrar tenéis que cantar bien? ¿Os hacen un castin y os seleccionan? Claro, a nosotras nos hace mucha gracia la situación y decimos siempre que es el Señor el que nos ha llamado y nos ha regalado el don de la música. Y esto es verdad, pero no es toda la verdad.

Hace muchos años, unos 14 más o menos, a una de las hermanas que entonces era la cantora por excelencia se le metió en la cabeza y en el corazón que tenía que pedir al Señor por las vocaciones, pero ella pedía que esas vocaciones supieran cantar. Y eso lo pedía insistentemente como la viuda del Evangelio, tanto, que se hizo hasta pesada y las hermanas estaban un poco cansadas de oír cada día la misma petición, pero ella seguía erre que erre hasta que comenzamos a llegar.

Lo bonito de esta historia es ver como el deseo de una hermana el Señor lo ha saciado y con creces, lo bonito es ver como cuando pides con fe, el Señor siempre te escucha, lo bonito es ver que la oración todo lo puede, lo bonito es ver que, aunque no tengas resultado en el momento, si perseveras lo consigues, lo bonito es ver como sonríe esta hermana cada vez que cantamos, lo bonito es…

Y cómo no, ahora quiero contaros quien es esa cantora que tanto pidió, quien es esa hermana que se hizo pesada día tras día, quien es esa hermana que de alguna manera ha rezado por nosotras sin saberlo y con su oración nos ha dado la fuerza que necesitábamos para dar el paso.

Ella es Antonia Mª, la hermana que desde hace unos años está enferma de cáncer y como sabéis está en la etapa final. Uno de los motivos por los que queremos grabar nuestro primer disco es para que pueda disfrutar como nosotras disfrutamos de este proyecto tan apasionante.

Ale, pues ya sabéis quien es la culpable de que cantemos todas bien. Rezar por ella para que esté sonriendo hasta el final de su vida.

Que la música sea vuestro centinela que alegre vuestra noche y marque el camino que habéis de seguir.